Etiquetas

Llegué y había tres mujeres durmiendo en mi monoambiente. En la cama estaba mi chica. En el sillón y en un colchón en el piso, dos amigas de ella. Habían salido. La que dormía en el sillón tocó en algún lugar en Palermo, y mi chica y la que dormía en el piso la fueron a ver. Yo no. Tenía que trabajar.

Eran las siete de la mañana del domingo y recién llegaba. No sabía que me iba a encontrar con tres mujeres durmiendo en mi departamento. Mi chica me había dicho que “tal vez” volvía a dormir con una amiga. Era una posibilidad. Pero una cosa es imaginarlo y otra enfrentarte a esa escena cuando abrís la puerta.

No soy muy adepto a las visitas. No invito a mucha gente a mi monoambiente. En algo más de un año en San Telmo vinieron pocas personas. Siempre de a una. La única vez que fui anfitrión de más de tres invitados fue en mi cumpleaños. Eran cinco aquella vez. Otra vez vino una pareja amiga. Nada de grupos grandes. Nada de reuniones familiares o de trabajo. Pero ese domingo me encontré con tres mujeres durmiendo en mi departamento.

Encima no era el mejor día ni la mejor hora para tener visitas. Suele pasar que cuando llego del laburo los domingos a la mañana tardo en dormirme. Y más en verano que amanece más temprano. La explicación compleja es así: si el miércoles a la noche me acuesto tarde (3 o 4 de la mañana), y el jueves me despierto después del mediodía, el domingo no me puedo dormir. Me agarra una especie de jet lag.

La explicación más sencilla es que, básicamente, funciono como los adolescentes cuando están de vacaciones. Como en la semana me acuesto tarde, duermo bien, y me despierto a la hora que quiero, cuando llego del laburo el domingo a la mañana no estoy cansado y no pego un ojo.

Si a ese factor le sumamos el hecho de que había tres mujeres durmiendo en mi monoambiente de tres por seis, se puede decir que era bastante lógico que a las ocho y media de la mañana siguiera dando vueltas en la cama.

Al rato desistí y me levanté. Fui a la cocina, me senté al lado del lavarropas, abrí la ventanita del lavadero, me armé un finito, y mientras pitaba se me ocurrió una idea que espero escribir pronto. Me despejé. Volví, agarré el celular, miré Twitter y leí alguna cosa. Me acosté pasadas las nueve de la mañana.

A veces, cuando no te podés dormir, la mejor solución es dejar de intentarlo y levantarte de la cama.

Anuncios