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Qué gente de mierda son, a veces, los hermanos mayores. Somos. Me tengo que hacer cargo. No se qué es lo que nos hace peores personas que los del medio, y mucho peores que los más chicos. Tal vez sea esa falsa hombría que nos venden que dice que en caso de que el padre no esté, nosotros tenemos que “hacernos cargo”. Tal vez es el complejo de inferioridad por saber que, en situaciones normales, nos vamos a morir antes que los otros. No se.

El punto es que la última confirmación que tuve de esto fue hace un par de semanas cuando, en una reunión familiar, mi hermano preadolescente me comentó su más reciente proeza. “Mat, sabías que puedo nadar un largo de la pileta del club sin respirar”, me dijo. Estaba feliz, orgulloso de su logro, a una edad en la que es difícil sentirse seguro de algo. “Yo a tu edad nadaba dos”, le respondí sin darme cuenta de lo que decía. Me dio tanta vergüenza mi respuesta que creo que no volví a hablar en toda la reunión.

Al rato, yo estaba sentado al lado de mi tío, sufriendo el calor en silencio, cuando mi hermano preadolescente no tuvo mejor idea que hacerle el mismo comentario que me había hecho a mí. Mi tío, otro hermano mayor, reaccionó peor que yo. “Yo nadaba tres”, le respondió.

Tal vez le dijo eso porque, pasados los 50, él sí está más cerca de la muerte que su sobrino. O tal vez porque sintió que su hombría estaba bajo amenaza. No se. El punto es que si necesitaba algo más para confirmar mi teoría, ahí estaba.

Algunos minutos después me fui. Probablemente haya sido para evitar ser testigo del momento en que mi hermano preadolescente le dijera a su primo, el hijo mayor de mi tío, que podía nadar un largo de la pileta del club sin respirar. “Yo hacía cuatro”, le debe haber respondido. Qué gente de mierda somos, a veces, los hermanos mayores.

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