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–¿Tu compañero viene? –me pregunta.

–No tengo ninguna razón para pensar lo contrario.

–Bueno, te cuento por las dudas –mira la compu–. Hay varias cositas. No vamos a hablar nada del quilombo gremial en Telecentro, ni del decreto de Peralta contra Lázaro Báez. La nota de Cavallo hay que dejarla.

–¿Toda la noche?

–Yo la dejaría toda la noche. El otro tema es más general. A partir de hoy vamos a estar bien lejos de los extremos, vamos por el medio. Ningún palo gratuito contra de Cristina. Si sube el dólar, decimos “subió el dólar”. Si es récord, decimos “es récord”, pero nada de “explotó la economía”.

Llega mi compañero. Saluda.

–Le decía que ahora vamos bien por el centro. Nada de noticias como la del otro día, que decíamos que Lázaro Báez compró una casa en Santa Cruz con guita de Néstor.

Suena el teléfono.

–Me dijo el jefe que 25 aviones de Israel cruzaron territorio aéreo de Siria. No seamos los primeros en tirarlo –nos mira–. Esperá a que esté recontraconfirmado.

–o–

–Che, ¿aumentaron los precios de la pizzería? –le pregunto al flaco de Deportes que mira el partido.

–Sí, un poco –se acerca–. Subieron un peso cada empanada y cuatro cada promo.

–Ok, yo voy a pedir.

–Yo también –dice mi compañero por encima del monitor. Se ofrece a llamar.

–o–

El de Internacionales no para de hablar por teléfono con su jefe. Debe ser por el quilombo en Medio Oriente.

Corta.

–No lo tiene nadie lo de Israel y Siria. Le rompimos el culo al resto –festejan mi compañero y el de Internacionales.

El de internacionales sonríe porque no suele tener primicias.

–o–

Gol de Buffarini.

–La concha de tu madre Buffarini –grita el de Deportes.

–¿Gana San Lorenzo? –pregunto.

–Sí.

–¿Esto le conviene a Independiente?

–Sí.

El de deportes es hincha de Racing, y quiere que Independiente descienda, por eso agita los brazos y revolea sus auriculares. Es el único movimiento brusco en la sala

–o–

Tengo hambre.

–Me voy a pedir la pizza Milán. La individual.

–A mí pedime la promo de las tres empanadas y la gaseosa. Dos de pollo y roquefort y una de carne picante –dice mi compañero.

–¿Con Pepsi?

–Sí.

Está buena la pizzería que encontró el de Deportes. Casi toda la redacción pide ahí. Deberíamos arreglar un descuento, pienso. Hago cálculos.

–o–

Ya es tarde. O temprano. Depende. Es la hora de las noticias de relleno.

–¿Tienen la nota de la NBA? –pregunta el de Internacionales.

–Sí, pero nos centramos en el argentino Prigioni y no desarrollé todos los partidos, no se si te sirve a vos.

–No, yo tengo que hacer todos los partidos. O al menos un par.

Vuelve a mirar su monitor y se pone los auriculares. Tiene el volumen tan fuerte que a un par de metros escucho todo. Al de Internacionales le gusta la cumbia.

–o–

–Así que hoy está todo bien con el Gobierno –insiste el de Internacionales, que siempre quiere hablar.

–Y sí, vamos por el medio. Por lo menos hasta la semana que viene –dice mi compañero, y no puede contener un principio de sonrisa.

Hace ocho meses que estoy acá, y ya fuimos varias veces por el medio y por los costados. Conocemos todas las posiciones de la cancha.

–o–

Suena el teléfono. Es el de Seguridad.

–Están los diarios.

No siempre llaman para avisar que llegaron los diarios. Menos mal que era eso, porque atender un teléfono a esta hora es peligroso. Los rumores de muerte siempre empiezan a la madrugada, y cuando son las cinco de la mañana y falta menos de una hora para irte a tu casa no querés primicias, sólo querés que no se muera nadie importante.

* Este texto es un ejercicio del Taller de Crónica Periodística de la Universidad Orsai, a cargo de Josefina Licitra

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