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Son las diez de la noche y hace quince minutos entró a trabajar. No es ni médico, ni guardia de seguridad. Es periodista. De esos que no abundan, de los que se encargan de las noticias mientras la mayoría duerme. De los que están atentos al muerto por venir, pendientes de lo que pasa en China o Australia –donde a esa hora, al otro lado del mundo, las calles están llenas de gente– , con un ojo puesto en lo que se olvidaron “los de la tarde”y otro en lo que pasará mañana.

Son las doce. Ya escribió sobre Fariña, el Borda, un ex Ministro que murió. Vendrán Lázaro Báez, Macri, Montenegro (el del PRO, no el jugador), uno, dos, tres policiales, básquet.

Son las dos. Desde hace tres semanas, a esta hora siempre engancha alguna película. Primero fue El resplandor. Había empezado el libro, pero lo dejó porque le dio miedo. Al final no era para tanto. Después, dos semanas seguidas con El Padrino y El Padrino 2. Qué verá hoy.

Mientas lee algunos de los links que quedaron en Favoritos de Twitter, sus compañeros se van a jugar a la Play. Sí, hay una Play. La pusieron hace unos días en el comedor. Vuelven al rato. Corinthians le ganó al Milan 2 a 0. “Están casi todos los jugadores de verdad”, dice uno que evidentemente no juega tanto a la Play.

Son las cuatro. Mañana, sábado, que en realidad ya es hoy, pelea ‘Maravilla’ en Vélez y juegan Boca y San Lorenzo. Escribe eso. A las cinco lee la columna de Pedro Mairal en Perfil y hace lo que puede para no quedarse dormido. Los últimos cuarenta minutos se los pasa de diario en diario (Clarín, Nación, Popular, Perfil), a ver qué le recomienda a los que llegan a las seis.

Ocho horas después de haber entrado, se va. Espera el bondi con un par de parejas, grupos de amigos y la música de los bares. Llega el 39 y se sube. A veces se sienta y duerme. A veces va parado con la ventanilla abierta. Hoy duerme.

Casi se pasa. Cuatro cuadras y dos pisos por escalera no son suficientes para despabilarlo. Entra, tira la mochila por ahí, le da de comer a la gata y se tira en la cama. Casi todos están despiertos o por despertarse. En Australia y China, en cambio, recién se acuestan.

 

* Este texto es un ejercicio del Taller de Crónica Periodística de la Universidad Orsai, a cargo de Josefina Licitra

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