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En el cuerpo de lo que aparenta ser un típico hombre de 45 años -panzón, pelado, con barba candado y vestido siempre con jean, zapatillas y remera negra- hay un comediante que está cambiando la forma de hacer humor en televisión.

Y, como suele pasar con los mejores, el talento siempre estuvo ahí, sólo hizo falta que alguien le diera la oportunidad. Comediante desde los 19, Louis protagoniza un programa de esos que son difíciles de clasificar, como también les pasa a Seinfeld, The Office, y Curb your enthusiasm, tres programas unidos por el nivel altísimo de acidez y cinismo, el uso de diálogos realistas y ocurrentes, y la falta de límite en los temas con los que se meten.

Louis CK

Lo mismo hace Louis en sus shows, especialmente en Live at the Beacon Theater, un especial que produjo él mismo y vende en su web sin “restricciones corporativas”, y en el que habla -entre otras cosas- de sus hijas, de su éxito, de drogas, de sexo y de dios. Parece fácil hacer lo que hace Louis CK arriba del escenario, pero no lo es.

–Hay dos mil quinientas personas en este teatro -dice en el comienzo del show-, un gran número. Hay suficiente gente como para decir que en los próximos dos meses al menos uno de ustedes se va a morir… uno de todos ustedes va a arruinar la Navidad de su familia. Lamentablemente no se quién es, perdón…

Fanático de Woody Allen, David Lynch y Martin Scorsesse, tres directores con diferentes concepciones del humor, Louis es eso que se ve arriba de las tablas y en su programa. Un tipo que, al principio, se muestra incómodo en el escenario y en la vida. Pero que luego, cuando el monólogo avanza y él se caga de risa, empieza a sentirse en un lugar seguro. Y sabe brillar.

* Este texto es un ejercicio del Taller de Crónica Periodística de la Universidad Orsai, a cargo de Josefina Licitra

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