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Cuando quedaban 20 minutos para que terminara la final de la Copa Africana de Naciones (CAN) entre Zambia y Costa de Marfil, el árbitro cobró penal para los ‘Los Elefantes’. Ya está, se terminó. Didier Drogba, símbolo de Chelsea y de su selección, capitán y dueño de la pelota, no falla. Además, al arquero marfileño no le habían hecho un gol en todo el torneo, por lo que una remontada final de los ‘Chipolopolo’ (“Balas de cobre”) era poco probable.

Los jugadores zambianos, los 12 millones que estaban mirando desde su país, y los cinco, sí cinco, que habían viajado hasta Guinea Ecuatorial y Gabón para alentar a su selección, no lo podían creer.

Pero Drogba falló. Pateó muy mal. La tiró por arriba del travesaño y le dio vida a la selección de uno de los países más pobres de África. Si hacía falta otra señal, era esa. Zambia aguantó los ataques de su rival el resto del tiempo reglamentario y hasta tuvo una posibilidad de contra, pero el partido se fue al alargue. A los cinco minutos del primer tiempo extra, el capitán zambiano Chris Katongo pegó un tiro en el palo del imbatible Boubacar Barry, pero al final, el campeón se iba a definir en los penales.

Los dos equipos metieron catorce penales seguidos, hasta que Kolo Touré, uno de los marfileños del Manchester City, y Rainford Kabala, defensor del equipo de Hervé Renard, fallaron. Los Elefantes entonces mandaron al jugador de la frente más amplia del fútbol mundial, Gervinho, y también erró. El volante zambiano, Stoppila Sunzu, se acercó al punto del penal rezando en voz alta, tomó carrera mientras seguía rezando y pateó. Las plegarias le funcionaron porque Zambia ganó la serie 8 a 7 y levantó el trofeo.

“No lo puedo explicar, estaba escrito”, afirmó el técnico francés Renard. Y está bien: si había un país que se debía una Copa Africana era Zambia.

En abril de 1993, 18 jugadores de la que muchos consideran la mejor selección de la historia zambiana murieron en un accidente de avión en Libreville, capital de Gabón. El equipo viajaba a Dakar, Senegal para jugar contra los locales un partido de la fase de clasificación para el Mundial de Estados Unidos.

El avión había tenido que hacer varias paradas para cargar combustible y para dejar descansar los motores, y una de esas escalas fue justamente en Gabón, sede de la Copa de este año. La nave retomó viaje, y a los cinco minutos de haber salido del aeropuerto de Libreville, un error del piloto, o una falla mecánica, nunca se supo, hizo que se estrellara contra el mar africano. Treinta personas murieron, entre jugadores, cuerpo técnico y tripulación, y el único de los integrantes del plantel que se salvó fue Kalusha Bwalya, pero sólo porque no estaba en el avión al momento del impacto. Bwalya jugaba en el PSV Eindhoven holandés, e iba a viajar a Dakar desde Europa, pero cuando estaba por salir de su casa lo llamaron para contarle lo que había pasado.

Bwalya, el mejor jugador de la historia de Zambia, reconstruyó a la selección y logró llevarla a la final de la Copa Africana en 1994, algunos meses después del accidente. Pero la poderosa Nigeria de Finidi, Amokachi y Rufai, entre otros, fue demasiado para los Chipolopolo que se tuvieron que conformar con el segundo puesto.

El Maradona zambiano no se rindió y estiró su carrera más allá de los 40 con dos objetivos: llevar a su país a un Mundial y ganar la Copa de su continente, que se juega cada dos años. No lo pudo conseguir, y en 2005 confirmó su retiro. Sin embargo, nunca abandonó la idea de hacer triunfar a Zambia.

Bwalya fue nombrado técnico de la selección pero su equipo no pudo superar la fase de grupos en la CAN 2006 y tampoco se clasificó al Mundial de Alemania. Dejó el puesto y asumió como Vicepresidente de la FAZ (la AFA de su país) y ahí empezó el camino del plantel que terminaría ganando el torneo en Gabón. Historia que hace justicia a la historia: otra vez Gabón. Estaba escrito.

“En 2006, cuando él era el técnico, fuimos eliminados en la primera ronda. El proyecto a largo plazo empezó cuando era Vicepresidente. Hizo un plan a cuatro años y propuso mantener un núcleo del 80% de los jugadores”, declaró el capitán del equipo Chris Katongo. “En 2008 nos pasó lo mismo (no superaron la primera fase), pero como ya era Presidente presionó para mantener su idea. En 2010 pasamos de ronda y nos eliminó Nigeria por penales”, agregó el propio Katongo, uno de los pilares del proyecto de Bwalya junto al técnico Hervé Renard, quién está a cargo del equipo desde 2008.

Además de mantener un grupo de jugadores, la Federación zambiana propuso que la mayoría de ellos hubieran formado parte de las Selecciones sub-20 y sub-23. Otro detalle importante es que apenas tres de los 23 jugadores del plantel que ganó la CAN juegan fuera del continente africano, algo que facilita las convocatorias.

El fútbol que propuso Zambia no se alejó mucho de lo que hacen la mayoría de los equipos que son exitosos a nivel de selecciones. Los planteos de los Chipolopolo a lo largo del torneo fueron similares a lo que hizo Gerardo Martino con Paraguay en la Copa América: defensa compacta, esperar el error rival y aprovechar los contraataques. Nada del otro mundo, pero que funcionó. Antes de la final, Renard declaró que “no somos nada en el fútbol, y eso significa que ahora no tenemos que pensar que somos algo. Podemos hacer historia en el fútbol africano, como hizo Grecia en la Eurocopa de 2004”.

Tampoco se puede dejar de lado el costado cabulero de Renard. Mientras armaba su valija decidió llevarse tres camisas blancas para usar en los partidos, porque, según él, desde que es DT de la selección nunca perdió cuando tenía puesta una camisa de ese color. En realidad hay una excepción, la derrota contra Nigeria en 2008, pero no la cuenta porque fue por penales.

Tal vez la única mancha negra en el torneo ganado por Zambia fue cuando, en la primera semana de la competencia, tres jugadores fallaron en respetar el horario de llegada a la concentración. Uno de ellos, Clifford Mulenga, se negó a disculparse, por lo que fue separado del plantel. Eso no afectó el funcionamiento del grupo.

“Tenemos un plantel unido. Podés tener 200 millones de profesionales en Chelsea, Barcelona e Inter, pero si no pueden jugar en equipo, no pueden ganar nada”, dijo Bwalya antes de la semifinal que Zambia iba a jugar con Ghana. “Las Estrellas Negras”, que perdieron con Uruguay en los cuartos de final de Sudáfrica 2010, eran el segundo rival de nombre después del debut con Senegal, pero los Chipolopolo ganaron 1 a 0 y se clasificaron a la final, que, como “estaba escrito”, se iba a jugar en Libreville, diecinueve años después del accidente.

“Antes del torneo, estábamos en la concentración en Johannesburgo y les decía (a los jugadores) que la única posibilidad de volver a Gabón era si llegábamos a la final”, declaró el DT Renard a pocas horas del partido decisivo. “Lo que pasó en 1993 fue catastrófico para la Nación. Los 12 millones de habitantes de Zambia están esperando que volvamos a Libreville. Apenas lleguemos vamos a ir al lugar del accidente. Tenemos que pensar en ellos y jugar por ellos”, agregó el técnico francés.

Después del triunfo, y antes de ponerse a festejar el primer título importante en la historia de su país, los 23 zambianos se arrodillaron en una de las esquinas de la cancha y empezaron a rezar. La mayoría, por no decir todos, lloraron, y le dedicaron la victoria a Kalusha Bwalya.

* Texto publicado en la revista Un Caño de marzo.

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