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No se si se dieron cuenta, pero en los últimos meses bajé la frecuencia con la que actualizo el blog. Son varias las razones. La primera es que muchas de las cosas que antes pasaban por acá (recomendaciones de otros blogs, notas o videos) ahora van por Twitter (@matitercic). La segunda es que, como dije acá, no pasaron demasiadas cosas interesantes en (modo periodista on) materia deportiva (modo periodista off) en las semanas anteriores. La última es que este año empecé otra carrera, por lo que voy a tener menos tiempo para escribir boludeces como esta o esta.

Sin embargo cuando se me ocurra alguna cosa escribible voy a tratar de subirla. Como algo que me pasó el otro día…

Volvía todo contento de una de mis primeras clases de Lingüística y análisis lingüístico cuando se subieron al bondi un hombre y una mujer que claramente no eran pareja pero se conocían. El flaco no paraba de tirarle onda y la mina no le daba cabida. Pero lo importante no es la insistencia con la que el chabón le tiraba palos, sino un detalle, para mí polémico, que la señorita tuvo cuando se estaban por bajar del colectivo: sacó un envase de TicTac de la cartera, se puso una pastilla en la boca y lo volvió a guardar sin ofrecerle al tipo, que vio como todo eso pasaba mientras le contaba el final de Star Wars 3.

¿Dónde está la controversia se preguntarán ustedes?

Muchos se van a apresurar y tildarán a la mujer de amarrete. Algunos de esos se van a acordar del famoso el que come y no convida, tiene un sapo en la barriga, y tal vez tengan razón. Pero antes de tomar una decisión de la que se pueden llegar a arrepentir el resto de su vida (?), déjenme explicarles por qué creo que la Natalia-Natalia actuó de manera correcta.

Cuando hablamos con otra persona hay pocas cosas más feas que pensar que tenemos mal aliento. Como muchos seres humanos nos sentimos inseguros con alguien que no conocemos bien, no se necesita demasiado para que nuestra cabeza empiece a maquinar. Y que una mujer (compañera del trabajo por ejemplo) a la que te estás encarando te ofrezca una pastilla de menta mientras estás hablando con ella es una razón más que válida para perder toda la confianza. Por eso es que creo que la mujer actuó bien. Se preocupó por la confianza del chabón.

Las Halls de uva, las mejores lejos...

O tal vez la mina es una amarrete de mierda y nunca se le cruzó por la cabeza ofrecerle una pastilla al flaco. No tengo idea…solo se que cuando me bajé del bondi me compré unos Beldent. Por las dudas.

Bueno, eso. Al final salió un post…

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