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Esta es una semana importante en mi vida: por primera vez en toda mi existencia gané un TEG. Si, eso. Gané un TEG. Para los que no saben lo que es, herejes, pueden aprender acá. Pero los que sí están al tanto de este gran juego de mesa deben saber lo grosso que me siento.

TEG La Revancha fue el juego del otro día, aunque con las reglas del original

Hacía años que no jugaba y ya había perdido las esperanzas de hacerlo en un futuro cercano. Pero el lunes a la tarde, como quien no quiere la cosa (?), mi hermano me invitó a jugar con el y algunos de sus amigos. No lo dudé y a las nueve de la noche ya estábamos en camino. Pasamos a buscar al cuarto participante, y cerca de las diez y media (rueda pinchada en el medio) estábamos en el departamento del quinto y último estratega. Como algunos tenían que comer se pidieron las pizzas pertinentes, claro que calculando de más para el bajón.

La grande de muzza

A mí me gusta usar las fichas verdes, pero al dueño de casa también, así que decidimos tirar los dados para ver quién se quedaba con el ejército color esperanza. Saqué un 1 (no era una buena señal) y tuve que conformarme con las azules. Repartimos las tarjetas de los países y los objetivos (Destruir al verde, de no ser posible al jugador de la derecha. Las dos cosas significaban lo mismo: aniquilar al que me había robado MIS fichas ¿casualidad?). Ahora era el momento de poner los primeros ejércitos y de empezar a jugar.

Para hacer la crónica un poco más ligera voy a decir que el 75% de los ataques que intenté me salieron mal, las defensas tampoco fueron buenas y quedé muy debilitado en pocos turnos. Con casi dos horas de juego era el que menos países tenía y estaba muy lejos de mi objetivo. El tablero mostraba a un claro favorito que estaba bien cerca de llegar a los 45 países. Al final pudo, y se llevó la primera partida. Pero como eran apenas las dos de la mañana decidimos empezar otra.

No es una foto de la partida, la encontré en Google Imágenes

Al nuevo juego se sumó la novia del local así que pasamos a ser seis jugadores. Esta vez tenía que destruir al ejército blanco, el color que le había tocado a la nueva integrante. Pasaban las manos y de a poco la única mujer de la mesa fue perdiendo países y fichas. Pero como yo estaba ocupado con la conquista de América del Norte, con la idea de hacerme fuerte desde ahí, dejé mi objetivo a un costado por algunos turnos.

Eran cerca de las cuatro de la mañana y el juego se había convertido en uno de cuatro participantes porque dos de los seis estaban demasiado debilitados. Yo seguía con mi intento de hacerme con un continente mientras veía como mi objetivo se hacía cada vez más real gracias a que las fichas blancas solo ocupaban cuatro países: dos en Europa y dos en Asia. Los europeos desaparecieron rápido y quedaron los asiáticos. La buena noticia era que yo tenía acceso a uno de esos dos países, pero la mala era que no tenía forma de llegar al otro. En momentos como este es cuando un buen estratega se hace o se deshace.

El famoso TEG de los Negocios al que nunca nadie jugó jamás

Uno de los jugadores tenía entre ceja y ceja a Asia desde el principio y lo único que se interponía entre él y el continente más grande era su novia. Por una cuestión de cantidad de ejércitos, el hombre de las fichas verdes decidió atacar al país al que yo no tenía acceso. Los dados le fueron un poco esquivos, pero al final lo ganó. Le quedaba el famoso y nunca bien ponderado Kamchatka que estaba bien protegido, con varios fichas. Al ver esa montaña blanca el jugador verde se asustó. Podía jugársela y ganar el último país que necesitaba para ser dueño de Asia, o ser un poco conservador, reagrupar los ejércitos y proteger las fronteras (yo lo acechaba desde América del Norte) y esperar un turno. Decidió esperar.

Linda foto artística, también sacada de Google Imágenes

Tenía todo en mis manos. Estaba a un par de buenos dados de ganar mi primer TEG y lo sabía. Era mi turno de poner ejércitos y, como no podía ser de otra manera, cubrí la superficie del país que me podía hacer ganar el juego con fichas azules. Desde Alaska tenía acceso a Kamchatka y a otro país más de Asia, lleno de fichas verdes.

Todos se imaginaron que le iba a hacer un favor al juego e impedir que los verdes conquisten Asia, pero sorprendí con mi “Alaska ataca a Kamchatka”. No gané de una, pero no me costó demasiado. Cuando puse mi ejército azul en donde había estado el último blanco di vuelta mi objetivo, me paré y sonreí. Tardaron en reaccionar pero, para sorpresa de todos, había ganado. Nadie se lo esperaba, estaban todos preparados para un par de horas más de juego, que al final no fueron necesarias.

El único e irrepetible, el TEG original

Un rato después ya estaba en mi cama. Me dormí contento, pensando en mi triunfo. La primera victoria en un TEG en más de diez años de participaciones llenas de frustraciones. Todo un logro. Al otro día Barcelona eliminó a Arsenal de la Champions League, pero por suerte pude, puedo, combatir esa tristeza con el recuerdo de aquel mágico “Alaska ataca a Kamchatka”.

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