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Hay cosas que no está bueno que se te terminen cuando estás de vacaciones. El shampoo es una de ellas. Porque cuando vas a comprar uno nuevo, la persona que te atiende no tiene muy claro si recién llegás o si hace unos días que estás, y ninguna de las dos  opciones te hace quedar bien con el/la vendedor/a. Si sos nuevo en el lugar va a pensar que sos un pelotudo que se va de viaje sin shampoo. Y si ya tenés unos días fuera de casa, va a creer que sos un pelotudo que no sabe calcular cuánto shampoo se tiene que llevar cuando sale de vacaciones.

Pero peor que comprar uno nuevo es pedir prestado-sin-que-la-persona-se-de-cuenta uno con el que no estás familiarizado. Y esto no tiene nada que ver con las propiedades limpiadoras del shampoo, sino con lo específicos que son los productos y lo confusas que son las etiquetas de los envases del siglo XXI. Si yo tengo (poco) pelo lacio y me embadurno la cabeza con “Sedal Rizos Definidos Para Cabellos De Más De 35cm De Largo” el resultado puede llegar a ser catastrófico. Pero antes de llegar a eso tengo que confirmar que lo que estoy a punto de ponerme en la mano para llevármelo al cuero cabelludo es shampoo y no alguno de los tantos productos que vienen en envases similares pero que no son shampoo.

Dejemos de lado a la nunca bien ponderada (por mí) crema de enjuague, que tantas confusiones generó en el público anteojos-dependiente. Para eso inventaron el 2 en 1. El problema serio lo causan las etiquetas de todos los productos relacionados con el baño. Las descripciones de estos envases modernos son más específicas que las de un libro de Tolkien. Pero lo que los cráneos de los departamentos de marketing de estas multinacionales que se dedican a lavar cabezas (en el buen sentido de la expresión, creo) se olvidaron de poner es ¿qué mierda contiene el envase?

Hagan la prueba y agarren un “Sedal Lisos Perfectos Para Cabellos Sin Tintura De Mujer Bonaerense De No Más De 27 Años” y traten de buscar en la etiqueta si lo que tienen en la mano es shampoo, crema de enjuague o crema para peinar. Incluso se pueden encontrar con que es  jabón líquido o alguna otra cosa que no se que existe.

Claramente lo que más quieren estas empresas que lucran con la suciedad ajena es que no nos importe qué es lo que nos ponemos en la cabeza. No sé cuál es su objetivo, pero seguro que es maligno.

 

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