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Tengo un hermano de 9 años. Va a un colegio en el que le suelen pedir que lleve cosas para hacer diferentes trabajos. Los materiales van desde las típicas cartulinas hasta un balde de pintura para usarlo de bombo en una murga. Gracias a la responsabilidad de mi madre el lleva cada una de las cosas que le piden y cumple con todas las consignas. Pero esta vez se pasaron de la raya.

Mañana tiene que llevar un cordón blanco. No el par. No. Le pidieron uno solo. Sin su acompañante. Y más allá de lo cruel que es este pedido para la pareja (de cordones, digo), separada sin posibilidad de volverse a juntar, me pregunto ¿qué será de la vida del cordón que no tenga la suerte (o la desgracia, no sé) de estar en la mochila de mi hermano mañana a la mañana?

Me pongo en el lugar del cordón, fabricado para una función bastante específica (ajustar el calzado), que sabe que nunca más tendrá la posibilidad de cumplir con su deber. Porque aquel que tenga destino de experimento de plástica (o vaya uno a saber para qué será usado) no atará una zapatilla, pero servirá para algo. Pero el que se quede guardado en el costurero vivirá en la incertidumbre hasta que a alguien se le ocurra usarlo. Incluso, el cordón, el que está en el costurero, sabe que nunca será usado para lo que fue fabricado (ajustar el calzado), a menos que uno de sus colegas tenga que ser reemplazado. Y no creo que este cordón le desee eso a un colega.

Estos cordones diabólicos sí lo harían

Otro tema que me hizo ruido cuando me enteré de esto fue la poca inteligencia con la que se manejó la maestra de mi hermano. En vez de organizar la situación y arreglar con los alumnos para que se junten de a dos y que uno sólo lleve dos cordones, hizo que cada uno se encargue de sí mismo. Esto fomenta el “no compañerismo” y el egoísmo. Pero, además, es una evidencia clara de que la maestra tiene algún tipo de arreglo con el sindicato de fabricantes de cordones. Está bien que para que un país capitalista crezca la sociedad tiene que consumir, pero hacer que se compren el doble de cordones necesarios me parece un exceso.

Ojala que estas líneas sirvan para reflexionar sobre un tema realmente muy preocupante como lo es que un cordón no tenga donde caer atado.

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