Estaba todo preparado para el rescate de los 33 mineros. Todos los detalles habían sido revisados cientos, miles de veces. Los posibles errores habían sido previstos y prevenidos. Incluso la fortuita presencia del presidente chileno, Sebastián Piñera, adornó una jornada histórica. O al menos eso es lo que nos dijeron los medios de comunicación, que mucho hablaron de milagro, y poco de negligencia.
El primer “héroe” se subió a la célebre cápsula Fénix, y poco más de una hora más tarde estaba en la superficie. Cuando Florencio Ávalos asomó su cabeza, lo primero que se pudo ver fueron sus anteojos especiales para que su vista no fuera perjudicada por la luz. Claro que esas gafas fueron provistas sin cargo por la marca estadounidense Oakley. Su nombre apareció en todos los noticieros del mundo. Lo menos que podía hacer la empresa californiana era regalar 33 de sus mejores productos.
Todavía quedaban 32. Entre ellos había uno que no superaba la edad mínima requerida por la legislación chilena para trabajar en una mina cerrada. Jimmy Sánchez tiene 19 años, y hacía 5 meses que trabajaba en la mina cuando se derrumbó. En nuestro país se habló mucho de su juventud, de su condición de padre de una beba de menos de un año, y de su gusto por el reggaeton. Pero muy poco del delito que cometieron los que lo contrataron.
El rescate también sirvió para dejar de lado otras cosas que en otro momento hubieran tenido más difusión. El debate en la Cámara de Senadores en torno a la ley del 82% móvil apenas tuvo lugar a la medianoche, cuando la definición se acercaba. Bien tarde, los principales canales de noticias decidieron dividir la pantalla y darle lugar al discurso de cierre de Miguel Ángel Pichetto. Recién cuando Cobos estaba a punto de dar su voto, positivo esta vez, los Senadores y el Vicepresidente tuvieron exclusividad.
La transmisión de la “mayor epopeya del hombre en el siglo XXI” también opacó la tensa situación que se vive en Francia. Las huelgas en contra de las varias medidas de ajuste propuestas por Nicolás Sarkozy convocaron a 3 millones y medio de personas, pero no fue lo suficientemente importante como para alejarse de los mineros.
En la calle todos estaban pendientes de lo que pasaba. Usualmente los televisores de los bares y cafés muestran un canal de noticias, muchas veces ignorado por los clientes. Los teléfonos con Internet, las laptops y los diarios hacen que cada persona se sumerja en su mundo. Pero el miércoles pasado todos estaban pendientes de lo que pasaba en Copiapó. Los celulares estaban en los bolsillos, las computadoras portátiles apagadas, y los diarios doblados. Los ojos no se movían de la TV.
Los medios tampoco se apoyaron en lo riesgoso de trabajar en una mina en Chile. Ese lugar lo ocuparon las famosas notas de color. Desde los equipos de fútbol que mandaron camisetas (con el único objetivo de que su marca aparezca en la pantalla), hasta la venta de los derechos para hacer la película. Lo cierto es que en el país trasandino hubo 31 muertes relacionadas con la minería sólo en 2010, y 742 entre 1990 y 2005.
Un último detalle que no se puede dejar de lado es la intención de Piñera de privatizar un porcentaje de la minera estatal Codelco. Si la empresa es adquirida en parte por capitales privados, seguro que su primera preocupación será la seguridad de sus trabajadores…o, no?
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