El Mundial ganado por Las Leonas el sábado y el quinto puesto de la selección de básquet obtenido el domingo son dos grandes resultados para el deporte argentino, pero ninguno de los dos marcará una seria diferencia entre lo que era la situación antes y después de cada  uno de los logros.
El contexto en el que las dirigidas por Carlos Retegui salieron campeonas del mundo es típico de un deporte completamente amateur. Si bien es cierto que algunas jugadoras del seleccionado cobra algún dinero (por becas o por contratos con sponsors) no es suficiente para que puedan vivir del deporte, y eso hace mucho más difícil todo. La preocupación de tener un sustento económico que vaya más allá del deporte le quita tiempo de entrenamiento que los países dónde si es profesional el hockey, o en aquellos donde el Estado sí apoya a sus jugadoras de elite, tienen de sobra para preparar los torneos más importantes.

Otra situación que no va a cambiar es la de los clubes. El boom de chicas que empezaron a jugar al hockey que se dio tras la medalla plateada conseguida en los Juegos Olímpicos de Sydney se mantuvo a lo largo de los diez años gracias a que los triunfos no dejaron de llegar. Con ésta nueva victoria es probable que aumente la cantidad de padres y madres que vaya a anotar a su hijo o hija en un club de hockey, pero no será un número que impresione porque el impacto ya fue hecho hace una década. Los frutos de esa nueva generación se empezaron a ver en Rosario con un par de jugadoras que bordean los 20 años (Merino y Sruoga).

El básquet también tuvo su época en la que estaba de moda practicarlo, pero fue hace mucho tiempo, en 1950. Por entonces se organizó el primer Mundial, que fue en Argentina ya que la mayoría de los países europeos estaban devastados por la Segunda Guerra Mundial. En ese torneo el equipo local venció en la final a un combinado de jugadores universitarios de Estados Unidos por 64-50. El título fue importante, y el peronismo supo explotarlo. Pero lo más impresionante se dio luego del Mundial, cuando en los años siguientes alrededor de un millón de jugadores estaban federados en la Confederación Argentina. Lamentablemente la Revolución Libertadora desmanteló toda la estructura deportiva que había sido construida por Perón.
La selección del Mundial de 1950

Pero varios años después otra gran generación volvió a poner al básquet argentino en lo más alto. Parte de ese grupo de jugadores fue a Turquía con todas las ilusiones, pero con varios soldados menos. A priori los de Sergio Hernández iban a depender, casi exclusivamente, de Luis Scola y Carlos Delfino. En la práctica todo fue como se esperaba. Cuando los NBA estuvieron disponibles (Oberto se perdió casi toda la primera fase) jugaron más de 35 minutos cada uno. Ese desgaste iba a pasar factura en algún momento, y terminó siendo determinante en el partido con Lituania, en el que los europeos fueron perfectos, y Argentina falló como nunca en el torneo.

En definitiva el equipo nacional terminó con un record de 6-2, y las dos derrotas fueron contra dos países semifinalistas y potencias en el deporte. Y éste quinto puesto obtenido tampoco va a cambiar mucho al deporte de cara al futuro cercano. Puede ser que Hernández siga o no al frente del equipo, pero lo que es seguro es que el último torneo de ésta camada será en Londres 2012. Después de allí será necesario ponerse a pensar en un recambio que hace tiempo debería haber sido planificado, pero no fue así. La próxima camada no es la que más ilusiones genera de cara al futuro. La cosecha recién se podrá hacer dentro de diez años, cuando los chicos que se enamoraron del deporte en Atenas 2004 terminen de crecer. Ojala que la CABB sepa aprovechar el envión que la Generación Dorada le viene dando al deporte hace seis años, y que no se malogre una oportunidad de volver a tener al básquet entre los más practicados en el país.

Otra cosa que tampoco cambiará después de los campeonatos mundiales es la difusión que los medios masivos le darán al hockey y al básquet. Dentro de un mes nadie va a hablar del torneo metropolitano o de la Liga Nacional. Y así será hasta que se acerque otro torneo importante, y las marcas que tienen intereses puestos en los dos equipos presionen a los editores para aparecer en una tapa.
Los éxitos y los títulos siempre fueron clave en la masificación de los deportes. Pasó con Vilas y Clerc, y luego con la Legión Argentina en tenis. Pasó con Los Pumas y su tercer puesto en Francia 2007 y pasaría con muchos más si el Estado volviera a darle la importancia que merece la práctica de deportes en una sociedad. 
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