El fútbol ha evolucionado mucho desde que se hizo extremadamente popular a principios del siglo XX. Dos de los aspectos más importantes en los que mejoró son la capacidad física de los jugadores y la táctica. Mientras que el primero está cerca de su máximo nivel posible, el segundo continúa y continuará avanzando.

Salvo algunas excepciones, en los ’90 y algo de la década pasada la mayoría de los equipos optaron por usar el famoso 4-4-2. Éste sistema fue tan popular porque es simple de aplicar (eso ayuda en un deporte que exige resultados inmediatos) y ofrece la posibilidad de defenderse con mucha gente sin dejar de tener presencia en el mediocampo.

Claro que con apenas dos delanteros y algún que otro volante que se sume al ataque es difícil convertir goles. Pero el fútbol moderno está más relacionado con mantener el cero en el arco propio, y después ver qué pasa.

La moda de las dos líneas de cuatro fue una de las principales razones por las que se empezó a escuchar que la posición del clásico “10” había desaparecido. Sin embargo, la actualidad nos muestra a las mejores selecciones y a los clubes más ganadores con una especie de enganche en sus equipos.

¿Cómo se pasó de la desaparición del enlace a su uso en los equipos más importantes?

Porque se dejó de lado al rígido 4-4-2 de corte inglés y se empezó a usar una variante de ese sistema que hoy en día ofrece las cualidades defensivas de las dos líneas de cuatro, pero que también garantiza buena presencia en ataque.

Hemos escuchado hablar de la formación de moda en el Mundial. Los que gustan de los números lo llaman 4-2-3-1. La verdad es que es una mezcla entre el mismo 4-4-2 y el 4-3-3 holandés, muy usado por Barcelona y la selección española.

El híbrido que muchos equipos usaron la temporada pasada y varios más van a usar la que viene tuvo un representante en la semifinal de la Copa del Mundo. Alemania aprovechó muy bien las dos caras del 4-2-3-1.

Pero la mejor manera de darle vida a esos números es poniéndole nombres.

Los dirigidos por Joachim Löw mantuvieron la misma idea durante sus siete partidos, por más que tuvieron que cambiar algunos jugadores por lesiones o suspensiones. En los encuentros que pudieron hacerlo salieron así: Lahm de lateral derecho con mucha proyección, Mertesacker y Friedrich de centrales y Boateng en el lateral izquierdo, también con salida, pero menos que el de Bayern Munich.

Delante de los marcadores centrales había dos jugadores con tareas defensivas y ofensivas que son clave en el equilibrio del sistema. Schweinsteiger y Khedira fueron dos de los mejores jugadores del torneo (ambos están en la mira de varios clubes importantes de Europa) gracias a que cumplieron de manera perfecta su tarea de defender y hacer jugar al equipo.

Unos metros más arriba se paraban Müller por derecha, Öezil de “10” y Podolski por izquierda. Acá es donde la mezcla entre los dos sistemas entra en juego. Porque éstos tres jugadores cumplieron funciones muy diferentes cuando su equipo tenía la pelota que cuando la quería recuperar.

En defensa, el objetivo de esos tres era muy simple. Los dos de afuera retrocedían unos metros y se ponían a la par de los dos volantes centrales. Öezil se metía detrás de la línea de la pelota y molestaba al “5” contrario. De esa forma Löw se aseguraba de tener dos líneas de cuatro para defender y uno suelto que también tenía alguna tarea defensiva.

Pero cuando le tocaba atacar, Alemania era otra cosa. Öezil se liberaba y se ponía en la típica posición de enganche detrás de los volantes de contención rivales. Podolski y Müller se adelantaban en el terreno, y como si nada, el equipo germano pasaba a tener cuatros jugadores de ataque bien definidos a los que se sumaban uno de los dos “5” y uno de los laterales del equipo. De esa forma Alemania atacaba con seis jugadores, que después estaban listos para defender.

¿Cómo se llegó al 4-2-3-1?

Como dije antes, tiene su origen en el 4-4-2. En esa formación uno de los de adelante siempre juega más atrás que el otro, generalmente por los costados. Sin embargo hay algunos jugadores que no tienen las características físicas de un típico delantero de área y que tampoco gustan de ir por afuera. Esos segundos delanteros (de los que Argentina tiene muchos: Tevez, Agüero, Lavezzi, Zárate) empezaron a tener algunas tareas defensivas.

Y a esos nuevos enganches cómo Rooney, Messi, Forlán, Ronaldo, Öezil, Donovan, Boateng (Ghana), Montolivo y Fábregas entre otros, se sumaron por los costados jugadores que hace diez años hubieran sido delanteros. Podolski y Müller (atacantes netos en inferiores) en Alemania son sólo dos de los muchos ejemplos. Ribery, Robben, Robinho, Julio Baptista, Pandev, Kuyt, Joe Cole, Wright-Phillips, Bellamy, Arshavin, Nasri, Benayoun y muchos más son jugadores ideales para el 4-2-3-1 porque además de tener mucha capacidad ofensiva saben marcar.

¿A quién marcan esos wings/carrileros?

Hace tiempo que los DT se dieron cuenta de que la clave para desarmar a un equipo bien parado en defensa pueden ser los laterales. Su llegada con sorpresa puede abrir mucho espacio y generar supremacía en los costados. Y es acá donde se puede ver la eficacia defensiva del 4-2-3-1. Porque los dos que juegan por afuera (Müller y Podolski en Alemania, Robben y Kuyt en Holanda, Kuyt y Benayoun en Liverpool, Eto’o y Pandev en Inter, Bellamy y Wright-Phillips en Manchester City, Arshavin y Nasri/Eboue en Arsenal) tienen asignada la tarea de seguir al lateral contrario hasta su casa.

¿Por qué el 4-2-3-1 es más efectivo que el 4-4-2?

Hay varias razones. La principal es que el primero siempre va a tener ventaja numérica en el centro del campo. La consecuencia directa de esa ventaja es que el enganche tiene tiempo y lugar para ganarle la espalda a los volantes rivales.

Y acá está el principal problema para las dos líneas de cuatro.

Si una vez que un rival ganó la espalda de los “5”, el central que está libre sale a buscarlo, queda un espacio enorme en el medio de la cancha para que el extremo del lado aproveche. Va con nombres propios. Si Öezil se filtra y encuentra lugar y tiempo entre los dos centrales y los dos volantes defensivos, uno de los marcadores va a salir a buscarlo por lo que Podolski o Müller va a tener lugar para entrar en diagonal.

La otra secuela de la superioridad numérica en el medio de la cancha es que mantener la posesión es más fácil. Si los extremos/carrileros se mueven bien, la posibilidad de triangular es constante. Y según Johan Cruyff, un triángulo siempre va a ser más que una línea si el objetivo es mantener la pelota. Sino pregúntenle a España.

Otra ventaja del 4-2-3-1 es la posibilidad de presionar al rival bien arriba en el campo. Como detrás de los cuatro que aprietan a los defensores contrarios hay seis jugadores dedicados a defender, no tienen que preocuparse por quedar demasiado expuestos.

Claro que el sistema no es infalible. Ningunolo es. Pero el 4-2-3-1 ha demostrado ser muy efectivo y ofrecer muchas variantes. Si un DT quiere ser bien defensivo, puede serlo (el Inter de Mourinho), si quiere ser equilibrado también puede (Manchester United). Y si quiere ser extremadamente ofensivo también tiene la posibilidad (Guardiola y su Barcelona).

Pero como dijo Basile alguna vez, los DT paran a los jugadores donde deben, el problema es que después se mueven. La principal virtud del 4-2-3-1 es su debilidad: todos los jugadores tienen una asignación defensiva, por lo que ningún rival está libre. Pero basta una distracción para dejar un hueco en la defensa.

Es el sistema que está de moda, y puede ser aplicado tranquilamente en la selección. Durante el Mundial dije que el equipo debía ser así (está al final).Ahora que hay tiempo para trabajar la cosa es diferente. Lo malo es que para que funcione deben jugar dos laterales por los costados, no un central o un volante.

A ver, imaginemos…Romero al arco. Zabaleta, Budisso, Samuel y Clemente. Una defensa sólida en el centro, aunque un poco endeble en los costados. Juego y marca en el medio con Mascherano y Pastore (que está aprendiendo a defender en Italia). Di María y Tevez por los costados (pueden jugar invertidos o cada uno por su punta) a la par de Messi. E Higuaín arriba. Si Di María y Tevez hacen el trabajo necesario, es un equipo equilibrado que tiene mucho poder ofensivo.

En los papeles suena bien. Tal vez en la práctina no sea tan sencillo, pero si se le da el rodaje necesario, un once así tiene muchas posibilidades de jugar de igual a igual contra cualquiera.

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