La convivencia pacífica entre los seres humanos(?) es posible, en parte, gracias a las reglas. En este post no me voy a referir a aquellas que se encuentran por escrito (como un reglamento deportivo o las de índole religiosa), sino a las que están tácitas.

Desde el invento de las consolas de videojuegos, han existido juegos de fútbol. Y cómo era lógico, éstos se hicieron muy populares en los países donde el balompié es el deporte más importante.

En Argentina el PES (Pro Evolution Soccer, ex Winning Eleven) es moneda corriente en reuniones de amigos, fiestas familiares y todo evento donde haya una Play Station, un televisor y, por lo menos, dos personas. Lo juega gente de todas las edades, sexo, religión y color. Y es, sin duda, una pasión más que se ha insertado en nuestra sociedad.

Una de las bellezas del PES es lo sencillo que resulta aprender a jugarlo. No hace falta tener ningún concepto futbolístico más allá de lo básico (pase + pase + pase = posibilidad de gol). Y como el árbitro no puede ser controlado por los rivales, es imposible hacer algo fuera del reglamento.

Sin embargo, hay cosas que sí están prohibidas en un partido de fútbol virtual. Y estas restricciones no tienen nada que ver con trampas que se puedan hacer dentro de la cancha. Tienen que ver con un acuerdo tácito que existe entre todos aquellos que alguna vez jugamos al Winning Eleven (prefiero llamarlo así): HAY EQUIPOS Y SELECCIONES QUE SIMPLEMENTE NO SE ELIGEN.

El arreglo no verbal consiste en calificar de “poco macho”, “persona que va mucho al baño” y cualquier otro insulto de índole futbolera a todo aquel que elija jugar con, hoy en día, el Barcelona de Messi. Digo hoy en día porque hace unos años los equipos por los cuales te “miraban mal” si te los elegías eran el Manchester United de Cristiano Ronaldo, el Barça de Ronaldinho, el Arsenal de Henry; y más allá en el tiempo, el Real Madrid de Ronaldo y Zidane.

La razón por la que el equipo de Guardiola es “inelegible” es por la imparable superioridad con la que una persona que juega con el Barcelona cuenta por sobre cualquier otro rival. Además Messi es tan superior al resto de los jugadores que ningún defensor lo puede parar.

Tanto Cristiano Ronaldo, como Henry y Ronaldinho son grandes jugadores. Pero en una cancha virtual marcan una diferencia que en un campo de juego real nunca pudieron mostrar.

¿A dónde voy con todo esto?

Ayer el Lionel Messi real, el de carne y hueso, alcanzó al virtual, el fabricado por píxeles. La diferencia que existía entre la ficción y la realidad desapareció. Fuimos testigos de algo irreal: vimos al Messi de la Play Station jugando un partido para el Barcelona.

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