En el deporte, las preferencias por un lado u otro se hacen indispensables. Nos hemos acostumbrado a elegir uno de los dos bandos en cualquier evento que estemos presenciando. Inclusive cuando no lo hacemos concientemente, nos damos cuenta, luego de festejar un gol, un try, o lo que fuere, que “hinchamos” por alguno de los participantes.

Y con los relatores y comentaristas pasa lo mismo. Existen los que no pueden ver un partido sin escuchar a Macaya. Los hay quienes adoran a la dupla Fabbri-Nelson y su “¿lo digo o no lo digo? Dígalo. Partido liquidado”. Y hasta Fernando Niembro y su costumbre de no dar puntada sin hilo tiene fanáticos.

Pero ayer me pasó algo muy extraño. Tenía ganas de ver un partido de fútbol, y la vuelta de la semi-final de la Copa de la Liga de Inglaterra entre el Manchester City y el United estaba por empezar en ESPN+. Al mismo tiempo por Fox Sports jugaba el Liverpool por la Premier, y había otros eventos deportivos bastante interesantes en los demás canales.

Lo que inclinó la balanza en favor del clásico de Manchester fue la dupla relator-comentarista que iba a narrar el partido: Miguel Simón y Quieue Wolff (en mi opinión la mejor). No tengo ninguna duda de que la calidad de los que transmiten los partidos influye en la cantidad de gente que los ve. Por eso me resulta tan raro que las cadenas deportivas no le presten tanta atención como deberían.

El “Fútbol para todos” es una prueba de esto. Pero no es la única. José Luis Clerc y “Lalo” Varela no les llegan ni a los talones a Javier Frana y Luis Alfredo Álvarez. Y pasa lo mismo con Carlos Morales y Álvaro Martín (NBA por ESPN) y los dos salames que comentan los partidos de la mejor liga del mundo por Space.

Lamentablemente no tenemos la opción de silenciar a los comentaristas y quedarnos con el sonido de ambiente del partido, porque si así fuera, muchos se quedarían sin trabajo.

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