Pablo Alves fue a abrir la puerta, y del otro lado se encontró con una persona que, sin pedir permiso, entró como queriendo llevarse el mundo por delante. Siguió su camino hasta el fondo, donde estaba el resto de la banda, y se paró atrás del micrófono. Con cada uno de los músicos al frente de su instrumento, el misterioso cantante agarró una hoja de papel, y escribió: “chico común”.

Como si fuera una decisión divina, la guitarra empezó a sonar haciendo la intro, y casi sin darse cuenta, el resto de la banda empezó a tocar ese himno de La 25. Claro que les costó varias veces tocarla bien, ya que eran muy malos músicos. Pero después de 17 intentos fallidos, se dijeron que la 18º era la vencida, y así lo fue.

Con una gran expectativa, todos los integrantes estaban esperando que ese cantante reservado abriera su boca y empezaron por última vez la intro de la canción. Cuando fue su turno, todos juntos, sin darse cuenta, se inclinaron hacia adelante, como para escucharlo mejor.

-“El es u-u-un ch-ch-ch-chico c-c-c-común como-mo so-so-solí-lía ha-hab-haber en cu-cu-cualq-cualquier ba-barrio d-de hoy”.

“Poxi-Ran” Iglesias fue el primero en parar, y cuando él se detuvo, el resto perdió el ritmo y se vieron obligados a detenerse. Sin perder el tiempo, Pablo Alves apoyó la guitarra, y acompañó al cantante tartamudo hacia la salida. Pero antes de dejar la casa, éste hombre misterioso le puso una tarjeta con su nombre, Marcelo “Tarta” Rocha, su número de teléfono y su MSN en la mano al guitarrista de Los inadaptados de siempre.

Tras esa extraña demostración, la banda dio por terminado el ensayo del día, y cada uno se dirigió a sus respectivos hogares. Pero todos se fueron, sin saberlo, con la misma idea en la cabeza. Ellos eran concientes de que no iban a lograr ser exitosos haciendo lo mismo que hacían las demás bandas, así que decidieron, con absoluta unanimidad, que “Tarta” Rocha sería su próximo cantante.

Mañana, la última parte de la historia de Los inadaptados de siempre, una banda del Oeste.

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